Sal en la herida/Minusvalía

20 enero, 2014
Creo que hay gente buena en el mundo.

De verdad lo creo. Aunque luego la gente buena tiene algunos impulsos sádicos.

No sé por qué. A veces elijo a personas así de amigas. Supongo que así soy también y por eso me siento a gusto con alguna cantidad de dolor en la vida.

Se puede estar roto.

Se puede estar torcido.

Se puede estar torcido, roto y querer echarle limón a la herida.

Quizá es algo que viene con leer; no se puede uno meter en la cabeza de  la gente, andar explorando en sus telarañas mentales, en esos laberintos que de manera tan exhibicionista exponen a la luz publica, pasearse entre las ropas con sus pelucas, mirarse en sus espejos, asomarse a sus áticos mentales sin salir con telarañas en la cabeza.

La locura

La rotura

La violencia

Lo retorcido es contagioso.

Quizá, de ese desgarramiento va buscando uno amigos, esperando que esos trozos de alma que tiene uno colgando sirvan para remendarse. "Nunca falta un roto para un descosido".

Pero... ¿y si aquella muñeca de trapo que creías te completaba, sabe manejar bien las tijeras?

Eso temo. Eso ando temiendo desde que el año pasado una de mis amigas cortó todo hilo de comunicación conmigo.

En ese momento me dolió, claro, pero como en realidad no he nacido cosida a nadie y sé que los lazos que nos atan sólo son cuerdas que hemos acordado tejer con la finalidad de aprender algo, de perpetuar algo, de completar algo que quizá nos falta, de completar un retazo colorido, dejé que ese hilo que nos unía se desamarrara. Y me dolió.

Pero, ah, esta muñeca rota ha querido purificarse (no sé si sea esa palabra sea la justa) escribiendo que le avergüenza haber sido mi amiga.

Eso me ha dolido mucho.

Porque pensé que nuestra despedida había sido un corte limpio.

Porque no sentía deber nada, ni ella me ha debido algo.

Porque pago cada tiempo compartido con atención y cuidado. Porque lo que he aprendido de las personas es un tesoro que guardo aunque las personas ya no sigan conmigo. Y no le veo nada malo a dejar ir a la gente.

Tampoco le veo nada de malo a guardar secretos, creo que las amistades a veces se fundamentan de cosas no dichas, que deja uno en el baúl de sastre. ¿Que afán de convertirnos en muñecos vudú, para divertimento del otro? ¿que interés en exponer cada costura, cada pliegue, con morbosa fascinación por los puntos que se corren en este entramado que es la vida?

No creo que sea correcto. Ni justo. Ni bueno.

Pero creo que merecía una respuesta. La última vez que pensé en ella fue escuchando una canción que me envió. Solía recomendarme muchas canciones, así que supongo que esta era un mensaje y no supe escucharla hasta ese día en el metro.

Y para mí esa fue su auténtica despedida. Lo demás es quererle echarle sal a la herida.

3 comentarios:

Espaciolandesa dijo...

Qué fuerte...

Aunque no conozco las circunstancias de esa relación, creo que más que sentir vergüenza de ser tu amiga, sentía vergüenza de ella misma.

Cómo o por qué no sabría explicarlo, pero creo que de alguna torcida manera te volviste tan especial para ella que tuvo miedo.

Pero como bien dices, lo demás, incluyendo lo que acabo de escribir, es echarle sal a la herida.

Darina Silverstone dijo...

Espaciolandesa:

Por lo que entendí de su discurso ella encontraba en mí algunas cosas de si misma que le desagradaban. Quizá se imaginó que podría llegar a ser como yo con el tiempo y eso le horrorizó. La mimesis puede ser algo terrible.

El caso es que, aunque yo disfruté de su amistad, a ella no le fue tan grata.

Snif. Bueno, eso pasa. Ni modo.

*Intenta superarlo sola, aunque tarde un rato*

D.

Darina Silverstone dijo...

No sé si lo dije, pero me encantó la canción.

Sí, es una gran canción. De las muchas que me quedan de recuerdo.

D.