Darina con alas

36

08 noviembre, 2016
Después de hacer un análisis meticuloso de mi consumo de películas, llegué a esa bonita cifra.

Voy 36 veces al año al cine.

Eso sin contar las películas que pueda ver en la tele.

 Pero pensaba lo que decía de mi que casi la mitad de los fines de semana de cada año estoy metida en una sala oscura, sumergida en las historias de otros, viviendo a través de sus ojos, en estepas, en montañas, en ciudades de altos edificios y paredes de espejo.

Mientras afuera sigue la marcha de los autos, el claxon de las señoras, los perros bucando taquería abierta, las manos extendidas por monedas.

Yo estoy envuelta entre luces que cuentan cuentos, en la butaca suave o incómoda que va cediendo al peso de mi cuerpo, cruzada de sueños y esperanzas, estremecida y temblorosa, sin más en la mente que el final de la historia.

En ese caldero de luz y sueño se vacían mis minutos de vida, contando historias que no son mías, que acaso pueden ser el reflejo de alguien que si vivió eso.

¿Es que acaso renuncio 36 días al año a la aventura para vivir este substituto claro y dulcificado de un viaje, de un encuentro, de un despertar, de una revelación?

Este año me ha dejado pensado muchas cosas, me siento cansada y débil, como si parte del viaje hubiera sido en balde.

D.

Luz

11 octubre, 2016
Un texto mío fue seleccionado para participar en una antología contra las violencias machistas. El PDF se puede descargar acá.

Este mes también estuve a cargo de la entrevista de portada, terminaré de dar la tercera edición del curso de redes sociales en el Claustro, comienzo un nuevo ciclo y empezaré una versión parecida (pero ligeramente distinta) en el Centro Cultural Helénico. 

Mucho trabajo, pues. 

Y como es lógico, en este cubo Rubick que es la vida, mientras una de las caras parece cuadrarse muy bien, las otras se descomponen y quedan como un cuadro de Kandinsky.  

Internamente siento que mi cabeza es un huevo revuelto (con sal, pero sin pimienta).

O más que en la cabeza, en ese espacio inexacto y metafórico que es el corazón.

A principio de año escribí muy convencida que quería saber lo que quería hacer (en mis propósitos 2016, que usted puede leer acá). 

Ahora sólo sé que quiero seguir pagando Netflix. 

La dentista, por otro lado, determinó que muy probablemente tendrá que sacarme los terceros molares, así que no tendré muelas del juicio. 

Eso es una metáfora que también me pesa. (Ya no podré ser tan juiciosa como me encomendaba mi ex jefe colombiano)

Son las 7:30 y sigo contestando llamadas de la chamba. 

También creo, por otro lado, que las opciones de cosas por hacer no son tan prometedoras. ¿Es el workoholismo una droga de nuestros tiempos?

A veces me pregunto si el tan mencionado equilibrio es posible.

Quisiera saber si ese atisbo de luz es una salida o es solo el láser que usan para distraer a los gatos.

D. 

Mi amigo dragón o ¿Por qué no podemos tener nada bonito?

29 septiembre, 2016
Quizá ando triste desde principio de año y no me había dado cuenta.

Pero me la pasé llorando en "Mi amigo dragón" y quería desmenuzar esa experiencia solo para saber por qué.

Mientras narraba una escena donde destruyen el nido del dragón y se me cortaba la voz, me di cuenta de que ese sentimiento de orfandad intenso y desolador me viene rondando.

¿Dónde es el hogar, dónde es seguro, en qué lugar guardo mi corazón?

Mientras la fábula de Disney es un canto amoroso a la familia y a la magia, yo solo podía ver la tala indiscriminada de árboles, la falta de dirección, el contraste ominoso entre la vida libre ("salvaje") y la familia, el hospital, la ropa, las reglas, los compromisos.

En el caso de Gavin, el hermano cazador de la historia, no pude sino sentir que siempre hay personas así en la vida: seres a quienes quieres, pero cuyas acciones no puedes solapar, ni siquiera permitir, sin que entres en conflicto.

Y es que, ¿qué es la familia sino ese lugar donde te permites crecer?

Y bueno, nadie dijo que crecer fuera indoloro.

Mientras los adultos buscan la explicación racional a las cosas, los niños son los que tienen el hallazgo de que se encuentran frente a un dragón.

Y es que la magia en nuestras vidas no siempre es tan fácil de identificar.

A veces creo que tengo polvitos mágicos por doquier y nada más ando por allí, desperdiciandolos, sin poder reunir suficiente para hacer algo realmente extraordinario.

Salí toda llorosa, estremecida, mocosa y titiritante de "Mi amigo dragón", llegué a casa y vi las raíces de mi alma patas arriba.

Ahora quiero remover la tierra, ver si encuentro consuelo o si debo hacer mi nido en otra parte.

D.

Había una vez una mujer desnuda

26 agosto, 2016

Primer acto

Había una vez una mujer desnuda. Nació desnuda y mujer, sin saber que era la desnudez ni el concepto de mujer, pero con el tiempo le fueron enseñando, así que también la fueron cubriendo de ropa y de conceptos. Sin embargo, la mujer sabía que una vez desnuda ella podía quererse a sí misma y le gustaba su desnudez.

Reconocer ese cuerpo fue un trabajo arduo, una tarea que llevó tiempo y esfuerzo; a veces parecía que tenía que empezar de nuevo, porque el cuerpo cambiaba y su mente cambiaba. Entonces tenía que volver a ver ese lunar, esa cicatriz, esos vellitos que se erizaban con el frío.

Pese a las voces de afuera, la mujer desnuda también aprendió a querer ese cuerpo: lo limpiaba a conciencia, lo llevaba a pasear a todas partes, lo vestía y desvestía con paciencia y pensando en sus necesidades y deseos.

Un día, no se sabe bien si por decisión propia o por petición de alguien, esa mujer desnuda decidió compartir con una foto de su desnudez. En un acto total de confianza y regocijo envió esa foto un poco nerviosa, pero también esperanzada, pues la imagen de ese cuerpo desnudo era para ella motivo de cosquillas en la boca del estómago.

Y así viajó, en un mar de datos, la foto de esa mujer desnuda, como un barquito atravesando la tormenta, que va al encuentro con otros ojos. Un barquito con un cargamento de deseo, de esperanza, de confianza, de estima, de... ¿qué? No nos permitieron revisar el barco, solo sabemos que allí estaba la imagen de esa mujer desnuda.

¿Y el destinatario? Hombre, mujer, quien haya sido, recibió como regalo la imagen de esta mujer desnuda, nuestra protagonista.

Segundo acto

En el acto de recibir la foto no hubo mucho que explicar, pues el destinatario recibió con regocijo la imagen y vio a la mujer desnuda con sus curvas y llanuras, con sus pliegues y bordes, como quien se deleita con un platillo nuevo.

El asunto se volvió más complicado cuando ese acto de desprendimiento se tornó oscuro: no sabemos por qué razón, odio, venganza, desinterés, desamor, el destinatario de la foto difundió la imagen de la mujer desnuda.

Quizá ni siquiera fue el destinatario: la fotogrfía pudo ser interceptada, el video pudo ser bajado a un puerto que ni siquiera era el que buscaba.

Esa imagen ya no era la mujer, si acaso era el humo que perfilaba si figura, apenas la esencia de la sexualidad que perfumaba sus pasos. Pero a muchos, al verla, le parecían que resumía todo lo que era y cargaron a la foto de adjetivos que buscaban herir a la mujer.

Zorra, buscona, nalgasprontas. El que menos, le dijo ingenua, por compartir su cuerpo con otro.

¿Por qué?

Si ese cuerpo le fue entregado y los cuidados lo llevaron a ser pleno, completo, vigoroso; sus pies la condujeron a la escuela y al trabajo, la llevaron a comprar verduras y de vuelta a casa. La llevaron con sus amigas, al cine y al teatro. Pero ahora esas piernas eran por todos observadas y esos brazos diseccionados y esa curva de aquí y de allá criticada.

Pero nunca hubo en esa mujer otra cosa más que gozo y deseo de compartirse, ¿por qué entonces señalarla, negarle su derecho a cuerpo, decirle siempre que no, que se esconda, que se cubra, que se niege a mostrar lo que es?

Epílogo

El 10 de julio de 2016, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), en conjunto con Pantallas Amigas, Google México, el Canal del Congreso, el Infodf, el DIF Nacional, la Red por los Derechos de la Infancia en México, y la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes, presentó la campaña “Pensar antes de sextear: 10 razones para no realizar sexting”.

Diversas voces de organizaciones feministas y por los derechos sexuales de las mujeres denunciaron que dicha campaña fallaba al buscar "prevenir" el sexting al estigmatizarlo y buscar limitar el problema "De raíz".

Al respecto, algunas referencias

5 Razones para pensar antes de Estigmatizar el sexting

https://r3d.mx/2016/07/18/5-razones-para-pensar-antes-de-estigmatizar-el-sexting/

El derecho al sexteo ajeno es la paz

http://www.apolorama.com/2016/07/el-derecho-al-sexteo-ajeno-es-la-paz/

10 razones para realizar el sexting

1 de 3 - http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2016/07/27/10-razones-realizar-sexting-1-de-3/ 

2 de 3 - http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2016/07/28/10-razones-realizar-sexting-2-3/

3 de 3 - http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2016/07/29/razones-para-sexting/

http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2016/07/29/razones-para-sexting/ 

Por el derecho al sexting

http://horizontal.mx/por-el-derecho-al-sexting/

Fracasos

12 agosto, 2016
No sé si por la fiebre Olímpica que cunde por mi Time Line de Twitter o simplemente porque estoy en un momento reflexivo de la vida, he estado pensando en el fracaso.

Y es que el fracaso significa cosas distintas para las personas, según se enfoque. A veces fracasa uno en algo en lo que ha puesto empeño, dedicación, amor. Esos fracasos son dolorosos, pero sin duda no quedas en el mismo lugar, aprendes y aunque hayas emprendido sin estar seguro, ya eres una mejor persona que cuando empezaste.

No es como esos fracasos de un golpe de suerte, como cuando pones todas tus fichas al 2 de corazones y pierdes.

Allí probablemente no aprendiste nada.

Pero si eres por ejemplo, un atleta Olímpico y llevas décadas entrenando para algo y fracasas (alguien fue mejor que tú se entiende) ¿debería eso llamarse un fracaso?

Muchos incluso superan sus marcas personales o tan solo ser parte de una delegación olímpica es un hito en la historia personal que no debería ser llamado fracaso.

Algo así pensaba en relación a crear una empresa. Hay quienes se vuelven "emprendedores seriales", pero muchas veces porque muchas de sus empresas fracasan. Pero, ¿qué aprenden ellos?

De las enseñanzas que nos deja el fracaso está la humildad, pues quien nunca ha fracasado debe ser un arrogante insoportable.

Los errores de nuestra vida a veces determinan más el lugar en donde estamos que nuestros aciertos. Los momentos álgidos en los que tuvimos que detenernos, en que dimos un volantazo, en los que decidimos proseguir a pie o tomar una bicicleta.

Si solo tuvieramos aciertos la vida sería una línea recta.

Yo estoy segura de que no estaría haciendo lo que hago. Pero he tenido muchos errores, he caminado por debajo de la cerca de púas y me detuve bajo un árbol donde había un avispero.

Esta es mi historia, por eso no todas las historias de este blog son canciones felices y alabanzas.

Pero estoy agradecida por cada lección y cada fracaso. Por cada línea punteada en la que caminé, cuando el plan era cortar allí...

Ahora siento que estoy caminando en el borde.

D.

Abedules rijosos

17 julio, 2016
Abedules rijosos y ríos cartesianos
Arbóres verbilocos
Trastabillan, traquetean, trompetean.

Azuletas paletas y frijoles tariman
en cartílagos arrebolados.
Africanos altos con felices fricativas
Friolentos en el solanteo volado.

Grises giran,
gozan los grajos,
gordos, grandes, dementes.

Azules, azucaradas golondrinas
Atan atolondradas trampas.
Por donde nadie se arrima.

II

Fracasa la masa
al no elevarse...
La espuma se pasa...
al tirarse sobre la mesa.

Poca paciencia a la magia y la ciencia:
tiene su reto la cocina.
Pimienta, sal y poca esperanza
de ser anfitriona sin trastabillas.

Llega la pizza a la mesa
y la fe en la cocinera se esfuma
La corteza es una sola pieza
cortarla se vuelve fantasía.

III

Arruga la nariz ante la sopa
y contiene la boca una sorpresa.

En mi lenguada piel mondas tu mirada
Refilimentando esquinas y bordes,
recrudeciendo el titiritar y el ronroneo
que surge de los entrevesos de mi cuerpo.

Veo el revés de este juego:
me condeno a perder, ya estaba escrito,
desde que cargaste de tinta tu voz.

IV

Arracada
Arcada
Hamaca
Azores
Apiñonada
Atardeceres
Alboradas

Miriada de palabras retintas y retontas
Acurrucadas en la esquina de mi voz.

V

Corazón coraza
Reptil cantante
Calambre, alambre, alambrado, arritmia, afinado.
Anoréxica amiga: amibas asesinas.

Críptica cirrosis
crisantemo cristalizado.
Karmático.

P. D. No, no me pegué en la cabeza. El sábado en el taller de poesía nos pidieron escribir algo y traté de pasarlo en "voz alta", para ver si había algo rescatable.



Fa

14 julio, 2016
Uno arrastra el lápiz contra el papel, muy torpemente.
Se arremanga el corazón y la camisa.
Se escurre como una babosa, lentamente, dirigiendo su cuerpo hacia un campo de sal.
Es ese crepitar de la muerte que nos llama, como una hoguera, como un canto.

Es ese anhelo de no estar más allí, de desaparecernos.
Así: el rugido del vómito que se escapa de la garganta cuando estamos enfermos y todo dentro nuestro quiere volcarse, vaciarnos.
Así: como cuando en un estertor de furia el aire deja nuestros pulmones, también exhalando todo ese peso que es estar vivo, que es intentarlo, que es tratar tratar
tratar
tratar
fallar.

Fa.

Ya.

El tono de la canción ha sido escrito, entonces alguien, un hombre pelirrojo se precipita por los escalones del metro Polanco.

En la mano lleva dos rosas: una blanca y una colorada.

Al deslizar su cuerpo por los escalones toca una escala.

Nunca sabremos para quien eran las flores, solo sabemos que se precipita, que va pasando de lo agudo a lo grave, que se va hundiendo en el suelo de Polanco, hasta que toca lo más profundo que pueden tocar los hombres a pie.

Y su pelo rojo deja una estela vibrante.

Y sus rosas, la rosa blanca y la rosa colorada, no huelen a nada, porque ya están muertas.

Porque todo es falla y aunque él crea que son un signo del amor, también va acarreando la muerte en sus manos.

Quizá va a dejar esas rosas a una tumba.

Quizá las traen del cementario.

El metro Panteones está en la misma línea...

Pero supongo que nunca lo sabremos.

El vagón del metro huele a vómito y a humedad. El hombre pelirrojo entra.

Se cierra la puerta.

D.