Darina con alas

Fracasos

12 agosto, 2016
No sé si por la fiebre Olímpica que cunde por mi Time Line de Twitter o simplemente porque estoy en un momento reflexivo de la vida, he estado pensando en el fracaso.

Y es que el fracaso significa cosas distintas para las personas, según se enfoque. A veces fracasa uno en algo en lo que ha puesto empeño, dedicación, amor. Esos fracasos son dolorosos, pero sin duda no quedas en el mismo lugar, aprendes y aunque hayas emprendido sin estar seguro, ya eres una mejor persona que cuando empezaste.

No es como esos fracasos de un golpe de suerte, como cuando pones todas tus fichas al 2 de corazones y pierdes.

Allí probablemente no aprendiste nada.

Pero si eres por ejemplo, un atleta Olímpico y llevas décadas entrenando para algo y fracasas (alguien fue mejor que tú se entiende) ¿debería eso llamarse un fracaso?

Muchos incluso superan sus marcas personales o tan solo ser parte de una delegación olímpica es un hito en la historia personal que no debería ser llamado fracaso.

Algo así pensaba en relación a crear una empresa. Hay quienes se vuelven "emprendedores seriales", pero muchas veces porque muchas de sus empresas fracasan. Pero, ¿qué aprenden ellos?

De las enseñanzas que nos deja el fracaso está la humildad, pues quien nunca ha fracasado debe ser un arrogante insoportable.

Los errores de nuestra vida a veces determinan más el lugar en donde estamos que nuestros aciertos. Los momentos álgidos en los que tuvimos que detenernos, en que dimos un volantazo, en los que decidimos proseguir a pie o tomar una bicicleta.

Si solo tuvieramos aciertos la vida sería una línea recta.

Yo estoy segura de que no estaría haciendo lo que hago. Pero he tenido muchos errores, he caminado por debajo de la cerca de púas y me detuve bajo un árbol donde había un avispero.

Esta es mi historia, por eso no todas las historias de este blog son canciones felices y alabanzas.

Pero estoy agradecida por cada lección y cada fracaso. Por cada línea punteada en la que caminé, cuando el plan era cortar allí...

Ahora siento que estoy caminando en el borde.

D.

Abedules rijosos

17 julio, 2016
Abedules rijosos y ríos cartesianos
Arbóres verbilocos
Trastabillan, traquetean, trompetean.

Azuletas paletas y frijoles tariman
en cartílagos arrebolados.
Africanos altos con felices fricativas
Friolentos en el solanteo volado.

Grises giran,
gozan los grajos,
gordos, grandes, dementes.

Azules, azucaradas golondrinas
Atan atolondradas trampas.
Por donde nadie se arrima.

II

Fracasa la masa
al no elevarse...
La espuma se pasa...
al tirarse sobre la mesa.

Poca paciencia a la magia y la ciencia:
tiene su reto la cocina.
Pimienta, sal y poca esperanza
de ser anfitriona sin trastabillas.

Llega la pizza a la mesa
y la fe en la cocinera se esfuma
La corteza es una sola pieza
cortarla se vuelve fantasía.

III

Arruga la nariz ante la sopa
y contiene la boca una sorpresa.

En mi lenguada piel mondas tu mirada
Refilimentando esquinas y bordes,
recrudeciendo el titiritar y el ronroneo
que surge de los entrevesos de mi cuerpo.

Veo el revés de este juego:
me condeno a perder, ya estaba escrito,
desde que cargaste de tinta tu voz.

IV

Arracada
Arcada
Hamaca
Azores
Apiñonada
Atardeceres
Alboradas

Miriada de palabras retintas y retontas
Acurrucadas en la esquina de mi voz.

V

Corazón coraza
Reptil cantante
Calambre, alambre, alambrado, arritmia, afinado.
Anoréxica amiga: amibas asesinas.

Críptica cirrosis
crisantemo cristalizado.
Karmático.

P. D. No, no me pegué en la cabeza. El sábado en el taller de poesía nos pidieron escribir algo y traté de pasarlo en "voz alta", para ver si había algo rescatable.



Fa

14 julio, 2016
Uno arrastra el lápiz contra el papel, muy torpemente.
Se arremanga el corazón y la camisa.
Se escurre como una babosa, lentamente, dirigiendo su cuerpo hacia un campo de sal.
Es ese crepitar de la muerte que nos llama, como una hoguera, como un canto.

Es ese anhelo de no estar más allí, de desaparecernos.
Así: el rugido del vómito que se escapa de la garganta cuando estamos enfermos y todo dentro nuestro quiere volcarse, vaciarnos.
Así: como cuando en un estertor de furia el aire deja nuestros pulmones, también exhalando todo ese peso que es estar vivo, que es intentarlo, que es tratar tratar
tratar
tratar
fallar.

Fa.

Ya.

El tono de la canción ha sido escrito, entonces alguien, un hombre pelirrojo se precipita por los escalones del metro Polanco.

En la mano lleva dos rosas: una blanca y una colorada.

Al deslizar su cuerpo por los escalones toca una escala.

Nunca sabremos para quien eran las flores, solo sabemos que se precipita, que va pasando de lo agudo a lo grave, que se va hundiendo en el suelo de Polanco, hasta que toca lo más profundo que pueden tocar los hombres a pie.

Y su pelo rojo deja una estela vibrante.

Y sus rosas, la rosa blanca y la rosa colorada, no huelen a nada, porque ya están muertas.

Porque todo es falla y aunque él crea que son un signo del amor, también va acarreando la muerte en sus manos.

Quizá va a dejar esas rosas a una tumba.

Quizá las traen del cementario.

El metro Panteones está en la misma línea...

Pero supongo que nunca lo sabremos.

El vagón del metro huele a vómito y a humedad. El hombre pelirrojo entra.

Se cierra la puerta.

D.

Las innumerables citas

13 julio, 2016
El otro día alguien me preguntó en Twitter por el número de primeras citas que he tenido.

Tuve que decir, con plena honestidad, que no las cuento.

Establecí una pregunta sencilla: ¿de verdad alguien las cuenta?

Y es que en una época en que la gente anda buscando el ideal de la felicidad, muchos sobrepasamos el número "normal" de citas.

Pero es que con todo lo que nos dicen que debemos buscar, ¿no se vuelve un deber social interminable eso de ir a citas?

La idea de que alguien "nos merece" o que "merecemos" a alguien nos hace buscar al comprador más idóneo y la oferta más deseable del mercado de citas.

Así como seguramente no recordamos las veces que hemos ido a buscar zapatos (véase mi entrada, El amor en tiempos del catálogo de zapatos) no recordamos el número de citas que hemos tenido.

Y aunque algunas de ellas han sido muy memorables, otras han sido de dignas del olvido.

La verdad no tengo ganas de citas, me gusta pensar que algunas preguntas puedan darse por sobre entendidas, que los pasos nos llevarán al lugar correcto, que las mariposas en la panza que están antes de la cita pueden darle lugar al gusto de ver un rostro conocido, que admiras, quieres y deseas.

Si fuera fácil pasar de la primera cita a las siguientes 25, tendría un número recordable de citas, pero no es así.

D.

No tendrás rostro, de David Miklos

29 junio, 2016
No tendrás rostro, de David Miklos, transcurre en un mundo Apocalyptico, en el que la violencia ha terminado con la civilización y apenas unos pocos se han salvado.

Fino, quien tuvo el acierto de dejar la ciudad y viajar a la costa antes de que la violencia empezara, lleva una vida tranquila en la costa, fermentando tubérculos para hacer alcohol y cambiando dicho alcohol por lo necesario para vivir.

Lleva una vida tranquila en una cabaña propiedad de su amigo Blumenthal y tiene una relación semi perfecta con la Rusa, una mujer amazónica con la que tiene una vida sexual muy feliz.

Sin embargo Fino tiene asuntos pendientes en la ciudad y sabe que no podrá escapar de ellos para siempre.

Empieza así la odisea que Miklos pinta para nosotros, al adentrarnos a un mundo salvaje, peligroso, pero no exento de cruda belleza, aún con sus estrictos mandamientos,

El viaje de Fino a la ciudad lo obligará a desenterrar el pasado y a encontrar vida en los lugares menos pensados.

D.

Antes, de Jimena Eme Vázquez

Este fin de semana terminó la temporada de "Antes" de Jimena Eme Vázquez, que narra de manera retrospectiva la relación rota entre dos amigas. Al igual que un espejo, una vez roto ya no puede seguir igual, hay eventos y desgarramientos que nos rompen, nos hacen pedazos: al mirarnos ya no somos los mismos.

Antes fue premiado con el Premio de Dramaturgia Joven Vicente Leñero 2015 y se presentó en el Foro "A poco no" desde el 27 de mayo hasta el 24 de junio. Fue una temporada breve, pero creo que los que pudimos verla salimos transformados y tocados por las personalidades de las protagonistas: Mónica y Lisa.

La historia también relata las relaciones competitivas y fraternales a través del acertado montaje de la directora Martha Mega, quien a través de movimientos de danza contemporánea ejemplifica las distintas relaciones de tensión y distensión entre las personalidades de los involucrados en la trama.

Mónica, una joven mujer, reencuentra a su amiga de la juventud, Lisa y le pide apoyo para quedarse "un par de días" en su casa, debido a que tiene problemas familiares. Lisa, más centrada y objetiva, acepta la llegada de su amiga como algo temporal, que se va volviéndo más permanente.

La diferencia entre las dos amigas lleva a un necesario choque, que además se ve trastocado por un evento que pone en dedo en la llaga y se encuentra en el centro de la historia, como algo que romperá a Mónica y hará que cambie del todo sus hábitos.

La historia comienza en un cuarto vacío, donde vemos a Mónica a punto de mudarse, de dejar ese departamento que para ella tiene tanto significado y donde encontró el valor para ser ella misma (¿O quizá otra?).

¿Cómo es posible que alguien importante salga de nuestra vida, desaparezca?

Nunca volvemos a ser los mismos.

Nunca nos permitiremos, ni deberíamos permitirnos, olvidarlos.

En esta temporada de "Antes", Sofía Espinosa (ganadora del Ariel como Mejor Actriz por "Gloria") alternó papeles con Belén Aguilar en el papel de Mónica; Laura Loredo realizó el papel de Lisa y Gonzalo Herrerías representó a Adrián/Ricardo.


La invención de la soledad, de Paul Auster

01 junio, 2016
Sin ser mi libro favorito de Auster, algo se me quedó muy grabado de este libro, quizá es el tono íntimo con el que cuenta las cosas, o quizá que me llega en un momento en el que estoy entendiendo de otra manera la soledad, la intimidad, el deseo de ser padre, el reto de ser hijo, la tarea de desprenderse de las cosas que son tuyas y de darle alma a las que no son tuyas y que llegan a ti.

Quizá por eso mi parte favorita fue la primera, Retrato de un hombre invisible, en que Auster reflexiona sobre la invisibilidad de su padre, un ser humano que conoció poco, que dejaba poco de sí, una sombra ligera que parecía estar hecha para ser olvidada.

Pero no exactamente: en su búsqueda por querer aprehender mejor el recuerdo de su padre Auster se embarca en una reflexión y una remembranza hacia el pasado. Recuerda cosas lindas de su padre, como su postura ante su trabajo y otras menos favorecedoras, como la manera en que trataba a las mujeres.

En la segunda parte, El libro de la memoria, Auster recurre a dos figuras literarias Scherezada y Pinocho, para desentrañar los misterios de contarse un cuento, de inventarse una historia, de repetirla y salvar con ella a otros.

Rememora entonces, en tercera persona, algunos capítulos de su existencia, que de forma aislada podrían no significar nada, pero una vez entrelazados son como renglones de un poema en este enmarañado inexacto que es la vida.

Busca Auster en la figura de su hijo nuevas formas de comprender la existencia y se mira a si mismo tratando de explicar el cuento.

Se vuelve un ejercicio de Canon, en donde las cosas se repiten, quizá con otra entonación.

Quizá por eso decidir no tener hijos es quedarse callado, negarse a cantar, no porque la melodía de la vida sea linda, sino porque no tiene uno nada más que agregar.

D.